sábado, abril 22, 2006

Historia de una caquita

Hoy voy a rememorar un acontecimiento que sucedió en un viaje que hize a Zaragoza hará unos diez años.
Desayuné en un bar y me dirigí a coger el autobús que me llevaba a esa bella ciudad, crisol de razas y encrucijada de pueblos..
Después de haber dado buena cuenta del desayuno, creo que un bollo y un café con leche, fuí hacia el autocar y me senté tranquilamente, esperando la salida del autobús.
No podía imaginarme la odisea en que iba a convertirse dicho viaje..
Cuando llevábamos, más o menos, una hora de viaje noté como mi intestino tenía unos "ligeros" retortijones.No le dí mayor importancia y continué leyendo y oyendo música..
Pero poco a poco, esos retortijones aumentaron en frecuencia e intensidad, el peristaltismo intestinal estaba desbocándose por momentos..
A partir de entonces, el viaje se convirtió en una titánica lucha entre mi nervioso tracto intestinal y mi férrea voluntad, decidida a luchar contra el impaciente excremento, que pugnaba por asomar el sombrero al exterior..
Sudores fríos bajaban por mi frente, los mojones se revolvían en mi interior, parecía que nunca llegábamos..
No me extenderé más en esta parte, el caso es que, milagrosamente, llegué a Zaragoza sin ni siquiera haber tiznado de marrón mis calzoncillos..
Cuando el autocar paró en la estación de Zaragoza, agradecí a los hados con toda la fuerza de mi espíritu el fin de tamaña tortura..Pero no acabó la aventura ahí, amiguitos y amiguitas, mi esfínter, consciente del fin del viaje se rebeló contra mí e intentó que toda la carga intestinal saliera expelida de inmediato..
Yo hize acopio de las pocas fuerzas que me quedaban y salí corriendo, cual centella, raúdo en búsqueda de un bar o cafetería donde vaciar mi carga fecal..
Y lo encontré, pero, ¡madre mía!, fuí a dar con el bar más cutre de toda la ciudad..
Entré corriendo al baño sin saludar al camarero, ¡estaba yo para diplomacia!..
Al entrar en el váter, comprobé que no había ni luz ni papel, pero ya no aguantaba más, me puse un poco agachado, sin llegarme a sentar, pues la higiene brillaba por su ausencia..
La caca salió cual avalancha con un fuerte aparato sonoro, aquello parecía una sinfonía cuesquil y fecal, cuando acabé, sentí un placer inenarrable, pero duró poco, ya que al no haber papel, tuve que hacer uso de los pocos pañuelos de papel que tenía para arreglar el desaguisado..Tras una breve limpieza, tuve que ir hasta el hotel notando como se pegaban los "bóser" a mis posaderas y no era por haberme puesto pegamento "imedio" precisamente..
Todo acabó felizmente al llegar a la habitación y poder poner los calzoncillos a lavar y recibir una refrescante ducha..
Y aquí termina esta historia que espero os haya gustado, ya sabéis, ¡antes de viajar, comprobad que habéis realizado vuestras tareas más perentorias!..

3 comentarios:

Meteorismo galáctico dijo...

Antares, toda mi solidaridad sea contigo.

Como bien sabes, yo también pasé por un trance semejante al tuyo pero, a diferencia de tu aventura, la mía transcurrió en los dominios de nuestra comunidad madrileña, por lo que, lo queramos o no, mi esfínter anal no tuvo que aguantar la tensión durante tanto tiempo como el tuyo.

Si yo sufrí en mi trayecto desde Boadilla del Monte hasta el Barrio del Pilar (y Dios sabe que sufrí mucho), no quiero ni pensar lo duro que tuvo que ser para ti aguantar un viaje hasta la capital aragonesa.

Lo que más me maravilla es que consiguieses soltar a la rebelde caquita en el retrete (cutre, pero retrete). Yo, gracias al carácter liberal que me define, no pude evitar compadecerme del excremento que clamaba por su liberación y dejarlo salir cuando aún me quedaban unas decenas de metros para llegar a la meta que me había impuesto: el retrete de mi casa.

Debo reconocer, para ser justo con la excrecencia, que ésta se mantuvo ceñida a los límites que marcaban las perneras de mi "slip" (milagrosamente no estaban dadas de sí) y no tiznó mi pantalón gris claro. No obstante, para evitar posibles situaciones comprometidas, me despojé de la cazadora que llevaba puesta y me la até a la cintura para ocultar posibles humedades en la zona cular.

No contaré más detalles porque, quien más quien menos, casi todo el mundo ha disfrutado de una obra pictórica fecal en sus prendas íntimas y no es necesario describir lo que hallé al despojarme de mi recargado “slip”.

Y ahora animo a aquellos que siempre han temido que se descubriera que alguna vez se han cagado encima, a que cuenten su experiencia (o experiencias) para liberarse de la carga que supone haber ocultado una aventura tan simpática a todos sus seres allegados.

¡LIBERAOS!

Dolores Crotal dijo...

Yo sufrí un incidente similar, siendo yo niño, tendría unos 6 añitos, en el transcurso de una bonita excursión del colegio. Mi esfinter rectal no pudo controlar lo que creía iba a ser un aliviador pedete. Maldición, era media mañana y ya iba yo con una extraña sensación de pringue. No sé si tenía edad pero el tarzanete fue o habría sido monumental. A partir de ese momento estuve más alerta y logré controlar las ganas de deponer hasta bien entrada la tarde. Al llegar a casa no pasé desapercibido. Estaba saludando a mi madre cuando ella dijo: "¡Qué olor a mierda!, si acabo de cambiar a tu hermano". Y yo con tremenda vergüenza dije: "Soy yo mamá, se me ha escapao".

Moraleja: si no te gustan los servicios públicos y vas de excursión ponte un supositorio.

Antares dijo...

Meteorismo, espero que en tu "prósima" Maratón vayas con tu "istentino" liberado y no llegues con una anchoa en el calzón..
dolores crotal, bienvenido a este hilarante y necio blog, es cierto, hay que tener cuidado al expulsar un cuesco, puede ir acompañado de materia sólida, bien conocido como "pedo pintor"..